Les voy a hablar de uno de los mejores y sorprendentes delanteros de los años 90, Mario Jardel.
Mario Jardel fue un futbolista brasileño, que destacó en la Europa de los años 90. Tras tenerlo todo, empezó a frecuentar malas compañías, con fiestas continuas de borracheras y prostitutas. Eso le hizo separarse de su mujer. A partir de ahí entró en depresión y se convirtió en alcohólico. Tristemente fue a mas y del alcohol, pasó a la cocaína. Bueno, vamos con su historia.
Jardel era un delantero centro de 1,88 m de altura. Era un cazagoles, balón que veía, balón que metía dentro de la portería. Una maquina de perforar redes. Uno de sus puntos fuertes era el juego aéreo, siendo uno de los mejores del mundo en ese apartado, haciendo auténticos golazos de remate de cabeza. Eso si, con los pies no era muy bueno que digamos. Pero esa no era su función, el estaba para rematar y empujar a la red cualquier balón.
Empezó jugando en el Vasco da Gama en 1991. Tras jugar poco en el club de Rio de Janeiro, se marchó cedido al Gremio en 1995. En el conjunto de Porto Alegre jugaría una temporada en la que ganaría la Copa Libertadores de 1995. En 1996 lo fichó el Oporto para ser el delantero centro titular. Allí jugaría cuatro temporadas en las que asombraría al mundo, marcando mas de 30 goles por partido cada año. Era la gran estrella del Oporto y de toda la liga portuguesa. Cuando jugaba en la Liga de Campeones, su sola presencia imponía. Ganaría tres Ligas Portuguesas en 1997, 1998 y 1999, y la Taça (Copa de Portugal) en 1998 y 2000. Y conseguiría la Bota de Oro europea en 1999. Con semejantes números, se lo rifaban los grandes de Europa, pero conocían sus limitaciones técnicas y de que no era lo mismo jugar en Portugal, que en una gran liga, así que no se arriesgaron, sabiendo de que podían pagar un pastón y ser un suplente de lujo.
Lo fichó el Galatasaray en el 2000. En el club turco jugaría una temporada, con grandes cifras goleadoras, pese a perderse varios partidos por lesión. Con un equipo con jugadores de la talla de Hagi, Taffarel, Emre Belozoglu, Popescu, Hakan Unsal, Okan Buruk, Umit Davala, Ergun, Hasan Sas y el propio Taffarel ganaron la Supercopa de Europa del 2000. Pero Jardel no se habituó a Estambul, y allí empezó con los problemas de depresión y todo lo demás que he contado al principio.
En el 2001 fichó por el Sporting de Portugal. En Lisboa jugaría dos temporadas. La primera de ellas, fue espectacular, marcando la astronómica cifra de 42 goles en Liga, que le hicieron ser Bota de Oro europea en el 2002. Pero uno de los motivos de su depresión era, que nunca iba convocado por la selección brasileña a ningún Mundial, ya que había grandes delanteros por aquella época. Así que esto le hizo volver a entrar en depresión, con lo cual el camino sin retorno hacia la destrucción ya había comenzado, pasando del alcohol a la cocaína. En su segunda temporada casi ni jugaría, siendo despedido del club lisboeta.
A partir de ahí, Jardel deambuló durante siete años, pasando por un montón de equipos (incluido un fichaje por el Alavés, cuyo contrato duró solo un mes y ni llegó a debutar) en los que por supuesto, con la vida que llevaba, ni jugaba. Se retiró en 2011, con 37 años de edad. A raíz de su retirada, tenía que encontrar un fuente de ingresos, para sus continuas fiestas con excesos caros, así que entró en política en su país. Como podéis imaginar fue un desastre, acusado de corrupción. Tras recibir amenazas de muerte, abandonó la política. Se le acusó de quedarse con la mitad del salario de los trabajadores que tenía a su cargo, viajes y dietas "a costa de la empresa" y tener contratadas a dos trabajadoras que no existían, ya que su función era ejercer la prostitución para el propio Jardel, mas la contratación de droga con el dinero público. Es que la política es un filón, para el que quiera lucrarse sin pegar un palo al agua.
Jardel, un gran jugador que no solo destrozó su carrera, si no que está destrozando su vida personal. Se ve que no aprende. En este caso, la depresión ya no sirve como excusa, porque lo que hace es vivir del cuento, con el dinero público. Vamos, todo un pieza, que como siga por ese camino, acaba en la cárcel o muerto.

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