Les voy a hablar de uno de los balones de oro mas sorprendentes de la historia del fútbol, Paolo Rossi.
Rossi fue un gran jugador italiano, de finales de los años 70 y principios de los 80, con una carrera llena de altibajos. Era un segundo delantero, muy inteligente en el campo, siempre esperando el mínimo error del contrario, para meter el balón dentro de la portería. No paraba de moverse por todo el frente de ataque, para quitarse el marcaje individual. También participaba mucho en el juego, bajando a recibir y dando pases a sus compañeros. Era un jugador cuyo don era el oportunismo, pero también tenía calidad en sus botas. Si me permitís el símil, una especie de Raúl González a la italiana, pero con una peor carrera futbolística, que la del español.
Empezó en la Juventus, pero al no jugar ni un partido, fue cedido al Como en 1975. Allí tampoco jugaría mucho, volviendo a la Juventus y a su vez dejando el equipo, para fichar por el Vicenza de la Serie B, en 1976. Con el Vicenza ascendería a la Serie A, con una gran temporada en el apartado anotador. Jugaría dos temporadas mas a un gran nivel, en las que marcó muchos goles, siendo el capocannoniere en la primera. El Vicenza descendería a la Serie B en 1979, así que Rossi sería cedido al Perugia.
En Perugia jugaría una temporada a buen nivel, pero llegaría el escándalo del Totonero (la quiniela italiana), en el que hubo un montón de implicados, en amaños de partidos y uno de ellos fue Paolo Rossi. Sería condenado a tres años sin poder jugar partidos, que al final serían dos. Después de estar suspendido, fue contratado por la Juventus en 1981, ya que se encontraba sin equipo. Jugaría los tres últimos partidos de la temporada 81-82. Jugaría tres temporadas más con el conjunto bianconero, en las que coincidió en el ataque con dos megaestrellas como Platini y Boniek. Ganaría los Scudettos de 1982 y 1984, la Coppa de 1983, la Recopa de Europa de 1984 y sobre todo la Copa de Europa de 1985, en la famosa tragedia de Heysel.
Tras ganarlo todo con la Vechia Signora, dejó Turín en 1985, para fichar por el Milan, que llevaba poco tiempo en la Serie A, tras descender a la Serie B, porque también estuvo implicado en el Totonero. Allí jugaría una temporada, dejando el club rossonero, para irse al Hellas Verona en 1986 y retirarse en 1987, con tan sólo 30 años de edad.
Donde mejor rendiría, sería en la selección italiana, con la que jugaría el Mundial de 1978, en el que la azzurra quedaría en cuarta posición, siendo Rossi uno de los mejores jugadores. Y su último y gran torneo fue el Mundial de 1982, en el que los transalpinos serían los campeones. Paolo Rossi llegaría a ese torneo por los pelos, ya que solo llevaba jugados tres partidos con su club. Pero aún siendo un muy buen jugador, tampoco era ninguna estrella y es increíble como se convirtió en la gran estrella de la azzurra, siendo el máximo goleador del torneo y mejor jugador. Este exitazo le llevó a ganar el Balón de Oro de 1982, por encima de Giresse y Boniek.
Rossi fue un muy buen jugador, pero no una estrella mundial. Si no hubiera hecho el torneo de su vida en el año 82, no habría ganado el balón de oro en su vida. La historia lo ha sobrevalorado en exceso. Fue un gran jugador, pero nada mas que eso.

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