Les voy a hablar de uno de los mejores jugadores de la historia del Inter de Milán, Mario Corso.
Mario Corso fue un futbolista italiano de los años 60 y 70. Jugaba como extremo, pero no era un extremo al uso, ya que al no tener velocidad, se movía por todo el campo, para dificultar el marcaje del contrario. Tenía un talento exquisito y derrochaba clase en su maravillosa pierna izquierda. Era capaz de regatear a varios contrarios en un palmo de terreno, simplemente con su habilidad y calidad técnica, ya que no se iba en velocidad. Al tener un talento sobrenatural para el regate, pero no velocidad, desarrolló una gran visión de juego, para distribuir el juego y dar maravillosas asistencias a sus compañeros. Por eso se iba desde la banda izquierda, al centro y luego a la banda derecha, así se asociaba con sus compañeros, pudiendo leer mejor el juego y tener vía libre para regatear a distintos contrarios. Sus funciones no se limitaban a eso, ya que cuando se iba regateando hacia el área, chutaba desde fuera del área, con un gran y efectivo disparo. También era un experto lanzador de tiros libres, donde te podía enchufar el balón donde quisiera. Era un jugadorazo, un fuera de serie, pero tenía un gran defecto, su nulo trabajo defensivo y su irregularidad. Y esto en el calcio, se penaliza.
Corso jugaría casi toda su carrera en el Inter de Milán. Empezaría a jugar en 1958, siendo jovencísimo, con tan solo 17 años de edad. En la primera temporada sería suplente, pero en la segunda ya sería titular indiscutible, debido a que el Inter, traspasó al extremo izquierdo titular y una de sus estrellas, Lenart Skoglund, a la Sampdoria. Así que a Corso, le tocaba una ardua tarea, sustituir uno de los mejores jugadores de la historia de Suecia y que había dado un rendimiento magnífico en el conjunto interista. Y se puede decir que cumplió con creces su objetivo, ya que dio un maravilloso nivel. A partir de la temporada 1960-1961, todo cambiaría para el Inter, ya que llegaba una época gloriosa para los neroazzurros, que no vivían desde los tiempos de Giuseppe Meazza. El mítico presidente, Angelo Moratti, contrataba al controvertido técnico franco-argentino, Helenio Herrera, que venía de haber triunfado en el Atlético de Madrid y Barça, con un fútbol ofensivo, pero esto era el calcio y el fútbol ofensivo no se llevaba. Así que implantaría el catenaccio en el equipo, que era la táctica de moda en el fútbol italiano de aquella época, con Milan y Fiorentina, como grandes exponentes y triunfadores de ese estilo.
Con Herrera en el banco y con canteranos que se estrenaban en el primer equipo, como Fachetti y Mazzola, que serían las grandes estrellas y se convertirían en grandísimas leyendas, mas el fichaje del líbero Picchi, se convertirían en uno de los equipos a tener en cuenta en el calcio. Pero faltaba algo, el fichaje estrella, y Herrera se trajo de Barcelona, a un jugador que conocía a la perfección, el Balón de Oro de 1960, el español Luis Suárez. Con el gallego, mas los fichajes de Jair y Burgnich, conseguirían ganar los Scudettos de 1963, 1965 y 1966. Pero sobre todo dos Copas de Europa consecutivas, en 1964 al Real Madrid de Di Stéfano, Puskas, Gento, Santamaría, Zoco y Amancio y en 1965, al Benfica de Eusebio, Simoes y Coluna. Ese Inter dominó Italia y Europa en aquellos años, pero todo gran equipo tiene su inicio y su final. Y el final de este llegó en 1967, cuando perdió la final de la Copa de Europa, contra el Celtic de Glasgow del mítico técnico Jock Stein y del extremo Jimmy Johnstone. Se dice, que los jugadores interistas, se dejaron ganar, porque estaban hartos de las manías y de la dictadura de Herrera. Aunque todavía este gran equipo duró un año mas, porque Moratti confiaba en Helenio Herrera. En 1968 sería despedido el polémico entrenador. El final completo de este maravilloso equipo, fue en 1970, con la marcha del veterano Luis Suárez a la Sampdoria.
En 1971 ganarían el Scudetto, pero ya no era ni por asomo ese equipazo de los años 60, aunque tenían a un delantero que sería otra leyenda neroazzurra, Boninsegna. En 1973, Corso dejaría el equipo que le había dado todo y en el único sitio donde había rendido a la altura de su enorme calidad y a los 32 años de edad, fichó por el Genoa. Allí jugaría dos temporadas. Lo que parecía un buen destino, se truncó, ya que el conjunto genovés descendió a la Serie B. En su segunda temporada, encima se lesionó de gravedad, poniendo punto y final en 1975, a su grandísima carrera, a los 33 años de edad.
Mario Corso un jugador extraordinario, que triunfó en el mejor Inter de Milán de la historia, y que es una gran leyenda neroazzura, con todo merecimiento. Pero sin embargo, jamás jugaría un torneo de selecciones con Italia, por culpa de su falta de trabajo defensivo y su irregularidad, defectos que ningún seleccionador transalpino aceptó. Y es que Corso, como buen genio, tenía que tener sus defectos.

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