Todo el mundo conocemos a Fabio Capello como entrenador, de su gran trayectoria en los banquillos, de sus éxitos y de su fútbol defensivo. Pues bien voy a hablar de él como jugador, que fue todo lo contrario.
Capello jugaba como centrocampista, actuando como mediocentro organizador. Era muy elegante, con una clase espectacular en sus botas y con una buena visión de juego. Era bastante lento, pero suplía su falta de velocidad con su enorme talento, su juego sencillo y su gran profesionalidad.
Empezó jugando en un equipo modesto como el SPAL, en 1964. Allí jugaría tres temporadas, llamando la atención de la Roma, que lo fichó en 1967.
Con la loba jugaría tres temporadas, en las que ganaría la Coppa en 1969. Esos años en Roma, sirvieron para llamar la atención de la Juventus, que lo fichó en 1970.
Con la Vechia Signora jugaría las mejores temporadas de su carrera, en una Juventus que dominó la liga italiana durante la década de los 70. Ganaría tres scudettos en 1972, 1973 y 1975, pero que no tuvo suerte en Europa, llegando una vez a la final de la Copa de Europa, perdiéndola contra el todopoderoso Ajax de Amsterdam de Cruijff y compañía.
En 1976 dejaría Turín y marcharía a Milán, para fichar por el Milan. Con los rossoneros jugaría cuatro temporadas, en las que ganaría la Serie A de 1979 y la Coppa de 1977. En sus dos últimas temporadas, no jugó nada por culpa de sus lesiones en las rodillas, obligándolo a retirarse del fútbol en 1980.
Con la selección jugó el Mundial de 1974, como titular indiscutible, en el que la azzurra hizo el ridículo, eliminándose en primera fase.
Capello no fue una estrella, pero si un muy buen jugador, con mucha elegancia para jugar al fútbol.

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