Este año se cumplen 100 años de la batalla del Somme. Una batalla que duró cuatro meses (de julio a noviembre), en la Primera Guerra Mundial. Fue la batalla más sangrienta de la Gran Guerra. El centenario de este desagradable acontecimiento, me ha hecho recordar la famosa "Tregua de Navidad", que ocurrió en 1914.
Este hecho fue muy famoso y extraño a la vez, ya que el bando del Imperio Alemán del Káiser, estaba luchando contra el bando de los aliados y pasaron de matarse a hacerse amigos.
Llegó la Nochebuena y los alemanes decoraron sus trincheras con árboles de Navidad y velas y luego empezaron a cantar canciones navideñas. Los británicos también se pusieron a cantar. Después de eso, un mensajero alemán fue hacia los británicos a pedir un alto el fuego. A raíz de eso, algunos soldados se atrevieron a ir hacia el enemigo, haciéndose regalos entre ambos bandos. Se permitió enterrar también a los fallecidos en la guerra.
A un soldado británico se le ocurrió lanzar un balón al aire y a raíz de eso tuvieron la feliz idea, de celebrar un partido en tierra de nadie, entre el barro y rodeados de trincheras. Los alemanes ganaron 3-2 al bando de los británicos y demás países aliados.
Pasó la Navidad y reanudaron la Gran Guerra y los que antes eran amigos, volvieron a ser enemigos. Cuando se enteraron los altos cargos, que los soldados habían detenido las batallas y encima se habían hecho amigos, pues lógicamente hubo represalias a los soldados de ambos bandos.
Por estas cosas el deporte es maravilloso, si se usa para hacer el bien y no para hacer el mal, como hacen los grupos ultras de todo el mundo, que su único objetivo es hacer el mal y destrozar los valores del deporte.

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